Bajo el método científico, no queda duda

21 de Abril del 2008


La misma convicción de culpabilidad que la autoridad judicial percibió sobre “El Cerillo” y “La Foca” durante el mandato de Patricio Martínez García. La misma colaboración de indefinidos testigos y las recurrentes contradicciones en las declaraciones públicas de la autoridad judicial. Un cúmulo sustancioso de evidencias físicas y biológicas obtenidas en la escena del crimen, todo muy parecido, excepto por un pequeño detalle: antes no se contaba con un método científico de investigación criminal y entonces podíamos libremente sospechar de que se trataba de la fabricación de chivos expiatorios.



Hoy la ciencia forense nos limita para realizar algunas preguntas contradictorias.


 



No podemos cuestionar, sin contradecir la ciencia, por qué el médico legal en la autopsia de la jovencita Paulina Elizabeth Luján señaló indicios de violación sexual y ahora la Procuraduría exime de ese cargo a los jóvenes acusados. Del examen necrológico realizado la autoridad ministerial dijo a la prensa “Por lo que respecta a la causa de muerte el médico forense establece en el protocolo de necropsia, hemorragia cerebral con fractura de base de cráneo por traumatismo craneoencefálico abierto; se estableció también la presencia de agresión sexual y el tiempo estimado de fallecimiento se calcula entre las 40 y 60 horas, a partir de la realización de la necropsia la cual se realizó a las 15:00 horas”. No escribió “presencia de reciente actividad sexual”, sino “agresión sexual”, y de una expresión a otra hay enorme diferencia.


 


Tampoco podemos preguntar, sin faltarle el respeto a los científicos de la procuraduría, ¿qué se concluyó sobre las declaraciones de los vecinos de la calle 39, de la colonia Lealtad, quienes declararon haber escuchado gritos la noche de la desaparición de la jovencita, justo y frente a una bodega donde en el exterior se encontraron los útiles escolares y cerca, en un arroyo, su calzado? ¿Cómo llegaron esos artículos al lugar? “El peritaje sobre los mismos indica que la victima se resistió a su agresor” dijo el vocero de la procuraduría. ¿Siempre no?


 


Quién pone en tela de duda que el líquido seminal depositado en dos preservativos localizados en la escena del crimen se conservó durante tres días, en óptimas condiciones y hasta que los encontraron, para permitir sin ningún problema identificar a los individuos que los utilizaron. Aún y si fuera cierto, ¿cómo supieron que el ADN pertenecía a los dos presuntos roba coches que durante días siguieron esperando a que delinquieran para tener motivo de detención? ¿son esas evidencias definitorias para responsabilizarles del deceso de la jovencita?


 


Sería anticientífico preguntar en qué momento la joven víctima anotó en su brazo los números, invertidos, del engomado Onapafa que el vehículo donde supuestamente fue agredida ten{ia en el cristal trasero. Por qué complicar a la autoridad la identificación del victimario si los conocía perfectamente bien, con nombre y apellido. ¿Por qué no escribió mejor Carlos o Raymundo? ¿Lo hizo antes de que la golpearan o fue un reflejo posterior? ¿Dónde quedó el tubo con el que la golpearon inicialmente? ¿Cómo identificó y localizó la autoridad judicial el vehículo que utilizaron los presuntos responsables? ¿Fue esa información resultado de una declaración obtenida de los acusados sin contar con abogados defensores? ¿Qué hicieron los presuntos responsables después del homicidio; vender el celular de la joven, luego el automóvil utilizado y después  seguir robando autos tranquilamente, todo ello en vez de inmediatamente huir?


 


La madre de Carlos Alonso Altamirano García acusó que su hijo había sido golpeado por la policía ministerial para que se declarara culpable. “Al día siguiente de que se lo llevaron fui a buscarlo a la comandancia en donde pude hablar con él y me dijo que lo habían golpeado en varias ocasiones en el cuerpo para que hiciera una confesión de la muerte de la joven. Después, me informaron que tenía que salir de las instalaciones". Luego acusa a la Procuradora de Justicia: "Para quitarle algunos de los delitos de que lo acusan pagué un poco más de mil pesos al propietario de un yonke, a quien mi hijo le vendió un auto supuestamente robado. El pago lo hice delante de la procuradora González, quien me dijo que era necesario". ¿Quedó eso inscrito en el expediente y es motivo de investigación?


 


¿Quién escribió en un metroflog de internet, a nombre de Paulina, un intento de conversación publicada un día después de su desaparición?


 


Tanta certeza brinda la ciencia de investigación criminal que la Procuradora de Justicia, en un espontáneo y extraordinario juicio sumario, declaró a la prensa que las causas de la agresión a la joven Paulina Elizabeth Luján fue la actitud misógina y machista de los detenidos. Ahora, sólo nos queda esperar el resultado del juicio de los acusados sobre quienes pesa el vehemente deseo de la autoridad judicial por que sean condenados a 60 años de prisión, claro, si no es que en un par de años resulta que falló la ciencia de investigación criminal y que ambos, igual que El Cerillo y La Foca, queden libres de toda culpa. Confiemos, pues, en la impartición de justicia, por el bien y en memoria de Paulina Elizabeth.