Un vulgar e intolerante comunicador

06 de Noviembre del 2007

Tantas veces Gerardo Fernández Noroña defendió a capa y espada a su ídolo, Andrés Manuel López Obrador, repitiendo sus frases con explosiva alegría. Tanto poder obtuvo al ser la cámara de eco del “Mesías Salvador”, que seguro no imaginó que muy pronto llegaría a ser desacreditado por acuerdo del Consejo Ejecutivo Nacional de su propio partido y que le obsequiarían una probada de su propio chocolate al prácticamente decirle “¡Ya cállate chachalaca!”


 


Sin embargo, la censura que el perredismo aplicó a su vocero oficial, por sus expresiones que calificaron como vulgares e intolerantes, tiene un fondo que se sumerge más allá de lo que parece una simple disputa intestina o una ruptura tribal, como las que muy seguido protagonizan. La enfermedad que poco a poco destruye al PRD tiene como síntomas visibles la pérdida progresiva de valores individuales de su liderazgo, la falta de respeto a la dignidad de las personas y la falta de civismo reflejada en su negación a reconocer las instituciones democráticas que sustentan nuestro modelo de gobierno.


 


Es un padecimiento sumamente impregnado de intolerancia e incomprensión, en donde la verdad pertenece sólo a quien logra imponerse por vía de la política sucia, la puñalada trapera y el ejercicio de conductas inmorales, infieles y altaneras. Esa era la conducta de Fernández Noroña al sentirse protegido por su líder moral, Andrés Manuel López Obrador.


 


Qué tan enferma estará la dirigencia nacional del PRD que así de fácil  llama vulgar e intolerante a su vocero, o espurio al Presidente de la República, igual extiende sin recato la sucia mano para recibir prerrogativas administradas por una institución oficial que obcecadamente niegan y de donde se obtiene recursos para pagar el sueldo de Fernández Noroña y muchos más.


 


Desde otra perspectiva, imagine usted que hubiera sido de la comunicación en nuestro país, de los medios informativos y la libertad de expresión, si el “Rayito de Esperanza” hubiera alcanzado la Presidencia de la República y nombrara titular de comunicación social de la Presidencia a Fernández Noroña, un vulgar e intolerante comunicador, según lo define su propio partido.


 


Estaríamos en el marco de un régimen de gobierno intolerante, cerrado y pretenso a callar a quienes no estuvieran de acuerdo con su visión política. Estaríamos en manos de un comunicador especializado en comunicar y como justificación de la diatriba, recusa que los medios “tergiversan sus palabras y las sacan de contexto”. Esa fue su justificación para denostar a su correligionaria partidista, líder del PRD en la Cámara y Presidente de la Institución, Martha Zavaleta.


 


En una brillante entrevista, publicada en Radio Universidad y realizada por el periodista Antonio Payán, pudimos percibir la disfrazada mentalidad de Fernández Noroña. Lo escuchamos  reflexionar defensivamente y llegar a la conclusión de que a partir de ese momento debería cuidar mucho en el uso de las palabras y primero valorar detenidamente su significado. Una conclusión infantil, sobre todo viniendo de un comunicador que representa la opinión de la dirigencia nacional de una institución partidista.


 


Pero volvamos al asunto de fondo. La pérdida de valores esenciales en las dirigencias del PRD es grave y maliciosa. Por eso, muchos militantes de provincia frecuentemente se desesperan y sienten que quedan desprotegidos en el ejercicio de sus ideales y convicción. Otros intentan imitar a sus dirigentes y se dedican a la grilla y la confrontación.


Los menos, intentan refundar la institución y convocar, mayoría de veces inútilmente, a la unidad y la conciliación. Son graves los daños de un equivocado ejemplo que se convierte en educación y que imparten irresponsablemente en cadena nacional pseudos-comunicadores como Fernández Noroña, quien apenas hasta ahora se dio cuenta que tiene que cuidar, con esmero, lo que dice en la radio y la televisión. Si no cambian, el sol pronto se apaga.


 


Y ello, aunque parezca irreverente decirlo, no le conviene a nadie, ni al PRI, ni al PAN, ni al propio PRD. Mucho menos a México.


 


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