Aun es tiempo

09 de Octubre del 2007


Abandono por un momento los recursos literarios de la fábula y el cuento corto, para escribir un editorial de forma quizá nada elegante que trata sobre la posibilidad de que todo el trabajo legislativo, la honorabilidad y respetabilidad de los anteriores diputados y los esfuerzos del diálogo y la discusión constructiva, fueron arrojado al bote de la basura por la actitud arbitraria y antidemocrática de unos cuantos, los menos, que con una supuesta orden inapelable al el personal de la Unidad Técnica del Poder Legislativo cometieron lo que en primer instancia puede calificarse como un absurdo, inmoral y aberrante fraude legislativo.


 


Lo dicho no es un lamento superfluo y vano, sino una grave advertencia pública de que los ciudadanos, quienes día a día luchamos por democratizar nuestra sociedad, no estamos dispuestos a tolerar regresiones a un pasado vergonzoso en el que los políticos engañaban al pueblo y cometían abuso de autoridad sustentados en un falso espíritu patriótico, como se calificó en 1983 el fraude electoral.


 


Ojalá y nos equivoquemos quienes nos alertamos de enfrentar la posible comisión de un fraude legislativo, pero no es nada reconfortante enterarse que en los archivos digitales publicados en la pagina de internet del Congreso del Estado, sitio acreditado por la Ley de Transparencia como portal oficial, el contenido de los decretos no coincide con su versión archivada en el Diario de los Debates y tampoco con lo publicado en el Periódico Oficial del Estado.


 


La titular de la Unidad Técnica del Poder Legislativo debe de explicar a los ciudadanos bajo responsabilidad de quién se cometieron todas las irregularidades encontradas en el proceso de reforma a la Ley Orgánica del Poder Judicial y si éstas fueron intencionales ordenadas por alguien. ¿Por qué existen dos dictámenes distintos sobre el tema con el mismo número?, ¿por qué un acuerdo de la Junta de Coordinación Parlamentario fue registrado como parte de un dictamen sin cumplir con los requisitos legislativos mínimos?, ¿por qué existen tres versiones distintas sobre el mismo asunto, una en el Diario de los Debates, otra en la página oficial del Congreso del Estado y otra en el Periódico Oficial del Estado?


 


Debe de explicarnos con precisión a los ciudadanos por qué no existe video de sustento de los acuerdos tomados en la Junta extraordinaria de Coordinación Parlamentaria, efectuada durante un receso el día del debate sobre las reformas. ¿Cómo podemos los ciudadanos tener certeza de que el documento que se anexó al dictamen publicado en el Periódico Oficial del Estado, contiene todas las páginas originales que convencieron la firma de los legisladores, si las hojas anteriores a la final con firmas no aparecen signadas al margen para su legalidad?


 


Un sin número de irregularidades que en lugar de refrendar el mensaje final de la anterior legislatura que presumió con orgullo  “Misión Cumplida”  nos obliga, a modificarlo por el del vergonzoso “Fraude Consumado”; y en el lodazal se ensucia, lamentable e injustamente, el trabajo de todos.


 


Los hechos existen y poco puede hacerse para disipar la sospecha de que, al igual que antaño, en días peores, subsiste en el Congreso del Estado la corrupción, la complicidad y el engaño perverso en el ejercicio de la función legislativa que por su esencia y propósito debería de ser digno ejemplo de rectitud y legalidad. En aras de una obediencia ciega se violó la ley, y eso no se vale, mucho menos en la torre de la legalidad. Aún es tiempo de corregir los graves errores y limpiar la casa, y por supuesto de decir adiós, sin que exista el más pequeño titubeo, a quienes haya que decirles adiós.


 


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